Un constante billete de ida y vuelta

Mi vida la paso entre dos puntos y a veces al despertar no sé muy bien donde me encuentro, si en mi añorada localidad natal o en la queridísima ciudad de adopción

Aprovechando el día de fiesta, me desperté pronto para salir con la bici e ir tomando gustillo a esto del pedaleo. Pero el calor se hace notar y el típico desayuno no sienta igual todos los días, por ello después de cierto retraso me dispuse a estrenar equipación con colores que esquiven el calor como es el negro (cuando a uno le gusta un color es dicífil...)


¿El color que menos absorbe el calor? El negro, no !!!

Como era día festivo la CdC estaba repleta de grupos y parejas circulando con sus bicicletas y estrenando temporada estival. La primera idea era continuar hasta el circuito de bicis de Colmenar e intentar hacer sobre los 50 km, pero viendo el tiempo perdido en la salida y el que he perdido por culpa de los grupos he decidido volver a CdC y hacer subidas, que en estas cosas la gente no es tan atrevida. Además no me gusta ir detrás de los grupos de "domingueros" porque tamponan la calzada sin permitir el paso, circulan a tirones y frenan sin esperarlo. Al llegar al final de Garabitas y comprobando que hacía mucho calor y he decidido cambiar el ritmo, y pasear desde allí hasta el Parque lineal del Manzanares, algo que me quedó pendiente el sábado pasado. Lo peor es que hay que circular por la ribera del manzanares, y a esas horas hay gente con todo tipo de ruedas, en grupo, andando en dirección contraria (ni que estuviéramos en la carretera) y las demás especies que ya comentaré en otro día. Al llegar al parque he buscado la forma de subir a lo alto del parque, cuesta pronunciada paro no demasiado larga y que desde la distancia intimida más (la contemplo cada vez que viajamos al pueblo o volvemos de él). Al llegar arriba he contemplado Madrid en todo su explendor y me he acordado del carril ciclista que me había comentado Fernando, he mirado el reloj y como no quería volver muy tarde he retomado la vuelta a casa.

33,88 km (20 km/h) en 1:38:34 con 148 ppm

El cuaderno es un ejercicio, un ejercicio personal, donde mostramos nuestras dudas, dilemas, miedos...
El dibujo tiene que no hay prisa, y suceden cosas mientras dibujas ...
Antonia Santolaya, 18 de junio de 2011

Nuestra mente juega con nuestras sensaciones, nuestros miedos y nuestras ansiedades. Por ello durante toda la mañana de hoy he estado inquieto, nervioso hasta que ha llegado la hora y me he apartado del grupo buscando mi hueco en la plaza de Tirso de Molina. Llegado el momento y encontrado el punto que quería representar, he abierto el cuaderno que me dieron ayer (mi primer cuaderno de viaje); y he sentido cierto pánico, pánico a manchar el cuaderno, y saber que quedará plasmado, no como en un bloc de anillas, que arrancando lo que desagrada el cuaderno queda inmaculado. Sin embargo, ese miedo ha desaparecido al ponerme los cascos, al tomar el lápiz en mis manos y comenzar a tirar líneas de encaje en el tapiz ahuesado apoyado sobre mis rodillas.

!!! Manchemos !!!

La plaza tiene multitud de farolas juguetonas que me han facilitado la labor de la perspectiva, pues aún me cuesta encontrar el punto exacto de fuga en algunas estampas. Pasadas casi dos horas, y como el cuerpo está acostumbrados a la rigidez del horario laboral, me pedía un buen café, que me mantuviese en alerta y con los ojos bien abierto para absorber el barrio de Lavapies, por ello me acercado a una cafetería con la intención de volver al mismo punto para proseguir y terminar de encajar la perspectiva panorámica que había decidido para la plaza. La idea del grupo era comenzar en La plaza de las flores de Tirso y bajar por Mesón de Paredes y reencontrarnos en varios puntos hasta la plaza de Lavapiés.

... casi dos horas después ...


"Paseantes" observadores.


Pero la idea ha desaparecido al encontrarme con una compañera que se dirigía al punto de reencuentro, y que me ha hecho cambiar de plan por miedo a no volver a encontrar al grupo en toda la mañana. Al llegar nos hemos encontrado con casi todos dibujando la plaza de Cabresteros, y he buscado un rincón en unas escaleras donde se encontraban algunos de nosotros "paseantes". Y donde hemos tenido una escena parecida a la comentada ayer por Antonia Santolaya, donde nos narró la divertida escena en Argelia, en la cual algunos niños le insistían para que les dibujase y se peleaban por cual de ellos era el mejor. Esa escena que piensas que solo puede ocurrir en territorios lejanos, alejados del mundo individual, encorsetado y tan bombardeado de imágenes y donde todo es fugaz. Sin embargo, a pocos metros de casa; absortos o insimismados cada uno en su labor, y viendo cada uno de forma diferente el mismo lugar; un grupo de “africanos” observaban con cierto disimulo el dibujo de uno de los compañeros, el cual les estaba dibujando, y a su vez un hindú que observaba desde un segundo plano, se ha animado a sentarse junto a nosotros, durante un primer instante a mirado nerviosamente los cuadernos, el mío y el de mi compañero, y al ver que yo era más paisajístico (por denominarlo de alguna manera), se ha decantado por el de mi lado y le ha insistido en que le dibujase, por lo cual se ha dibujado en mi cara una mueca, y he pensado no estamos tan lejos de esos lugares descritos por Toñi.


Mi forma de ver la plaza de Cabresteros


Magnifico recurso utilizando el negro de fondo para dar color a la piel.


Más tarde hemos descendido hasta la plaza de Agustín Lara, donde casi todos hemos coincidido en representar la fachada de las ruinas de las Escuelas Pías de San Fernando; para alejarme de las miradas he buscado un lugar donde tenía de frente las ruinas y desde donde era imposible que nadie pudiese colocarse en frente, pasado un rato hemos oído sonidos de tambores dirigiéndose a la manifestación de Neptuno, que nos han contagiado su ritmo y el trazo se ha vuelto inquieto, juguetón y hemos coincidido en reconocer la alegría trasmitida por sus ritmos

Ruinas de las Escuelas Pías de San Fernando


Mostrar los grandes trabajos y mejores planteamientos.


La conclusión es positiva, estoy más suelto y el ojo comienza a tener paciencia para observar con detenimiento, y que el formato elegido la semana pasada (con el que no me encontré cómodo en ningún momento y llego a agobiarme), ha quedado claro que fue demasiado pretencioso por mi parte, después de tanto tiempo sin hacer nada y ser el primer día. Y espero antes de que termine el ciclo que me atreva a introducir algo de color e ir encajando con el rotulador directamente. Paso a paso como en running. Como os digo me deja muy buenas sensaciones y cargas las pilas de adrenalina, lo cual he aprovechado para tomar la bici después de un merecido descanso después de comer. Y he disfrutado muchísimo, me he metido caña, y las piernas hasta pasada la hora han respondido de maravilla.
Los dolores de la pierna casi han desaparecido, ahora tocan agujetas en los brazos.

Datos ciclistas:
25,31 km en 1:14:50 (20,3 km/h) con 120 ppm

Y ayer, intenté recorrer el anillo ciclistas, pero abandoné desesperado con tanto cambio de acera, rotonda y semáforo de la zona de Pitis
32,05 km en 1:34:10 (20,4 km/h)con 135 ppm

Dos claves:
1.ª: Tener la mente en blanco. La intuición toma la decisión.
2.ª: No se hacen apuntes, ni encajas, hay que dibujar como los críos a lo bruto. Lo importante es que cuente algo. Solo existe el "Aquí y ahora; no hay pasado ni futuro".

... Y tener presente que el trazo muestra un estado de ánimo, de emoción.
Jorge Arranz, 11 de junio de 2011.

Con estas dos claves me desperté el domingo, con mi horario habitual de corredor. Me dirigí a la cocina y desayuné con prisa, los nervios me hacían engullir los cereales, sin haber terminado de masticar el plátano. Creo que intentaba paliar el hormigueo de los nervios con la comida.
Por delante quedaban 3 largas horas de espera hasta las 10, junto a la cafetería del Bellas Artes, punto de encuentro del grupo. Para intentar relajarme, procuré recordar la charla de Jorge Arranz en la tarde de ayer, y contagiarme de esa ilusión por le trazo con la que nos hizo disfrutar en su amena charla. Pasado un rato, me dispuse a preparar todo lo necesario para la excursión, al tomar en mis manos unos cuantos lápices comprados en día de antes recordé fugazmente la contestación de una persona del museo a mi pregunta: "¿Hace falta algún material específico? –No, solo con lo que tu dibujes–" Joder!!, si llevo casi diez años sin tener ninguno en mis manos, por ello me puse a buscar con urgencia entre las cajas, los lápices acuarelables con la estúpida idea de que "esos ya me conocen, no tengo que domesticarlos", sin embargo al encontrarlos, les soplé con fuerza para quitarles el polvo y la nostalgia, pero en ese mismo soplo hizo reanimar fantasmas y miedos; por lo que opté por volver a guardarlos en el mismo sitio.
Con mi mochila habitual de las carreras y llena de nuevos materiales, con propuestas ilusionantes, y con un rincón reservado para los temores e inquietud, me dirigí a la Gran Vía y su confluencia con Alcalá. Durante el viaje intentaba acomodar mis oídos a un ritmo sosegado que calmase mi ansiedad por retomar una actividad que de niño me había proporcionado tanto relax como imaginación. Al llegar al lugar, se encontraban conversando Jorge y un "paseante" como yo, cargados ambos con su cuaderno de viaje en la mano esperando ser rellenado. Durante la agradable espera Jorge nos dice "Jo!!, son casi las diez, esperamos unos 5 minutos más y nos ponemos a dibujar. ¿No teneis ganas?"; si yo te contase me dio ganas de contestarle, mientras las piernas comenzaban a temblar mientras miraba y oía a mis compañeros "paseantes".
Dado el pistoletazo de salida, busque un enfoque de la Gran vía, y me dije "este es perfecto", me da profundidad de campo, no existe gran contraste de luces; y como carecía de cuaderno de viaje, mi bloc agenciado para la ocasión era grande de formato como para cubrir dicha vista. Comienzo tranquilo intentando que la intuición decida; pero esta se encuentra tan dormida que no se despierta ni gritando fuertemente en mi interior, por lo que decido después de un tiempo de contemplación que dibujaré a lo bruto como los niños pero repasando las veces que sean necesarias las líneas hasta que me dé confianza. El primer tacto del lápiz es extraño, lo tomo con cuidado entre las manos y le presento al papel, dejándoles que se conozcan mientras observo con detalle la estampa, la cual insistentemente la sustituyo por el cuadro de Antonio López en mi imaginación; respiro profundamente y trazo las primeras líneas, cuales tendré que borrar apresuradamente pues no encajaba, pero pasado un par de intentos decido cambiar de papel y comenzar enfocado solo en partes de un edificio, pues después de una década de descanso la mente no es capaz de encajar la perspectiva y calcular proporciones.


Pasada una hora aproximadamente, y comprobando que me he equivocado de tamaño de cuaderno con las únicas armas de un lápiz HB y un rotulador de 0,5 para cubrirlo, decido cambiar de ubicación y subir por la Gran Vía con el objetivo de captar el edificio de Telefónica. Cansado de estar de pie y con el bloc entre los brazos encuentro un pollete antes de llegar al edificio y observo que hay una gran perspectiva para dibujar, y decido sentarme y empezar a dibujar; algunos turistas se paran para ver como comienzo y aprovecho para subir la música y evitar distraerme, pero pasado un rato compruebo que el edificio es muy complicado, me cambian los detalles o quizá la vista comienza a habituarse y observar más elementos del edificio ocultos en el primer vistazo.


Pasadas las 12, decido cambiar de ubicación, saltaré a Callao; el calor comienza a apretar y al llegar a la plaza busco un rincón con sombra y que me aleje de los turistas y sus miradas indiscretas que distraen. Decido buscar un rincón bajo la cornisa del cine Callao, y me encuentro con dos "paseantes" llenas de entusiasmo en su conversación y graciosas en sus trazos. Decido dibujar el edificio de la Fnac.


Pasadas la 13 horas, el cansancio comienza a aparecer, son demasiadas horas seguidas y como en el runner, hay que saber dosificar, tomo rumbo a plaza de España el punto de reunión final y aprovecho para dar un paseo y estirar las piernas. Al llegar a plaza decido sentarme en el césped a la sombra, contemplo los edificios y a estar tan cerca decido descartarlos pues estoy cansado y la perspectiva en el primer intento no consigo representarlo, con lo que decido dibujar la fuente y esperar al grupo.

A última hora recordé las claves, y decidí con rotuladores ser un niño.


Jorge Arranz y Enrique Flores con otros "paseantes", manos a la obra.


Todos reagrupados desplegamos nuestros trabajos en el suelo y comentamos, me encuentro en un segundo plano observando boquiabierto el trabajo de los asistentes, pero me encuentro contento no por el resultado, sino por el éxito de estar ahí.
Hasta el próximo domingo.

Toca exponerse y mostrar lo intentado.

Que gozada observar algunos trabajos y su forma de trabajar.